marzo 2010


Lentos, ya lo decía,  como me son propios.  Con estruendo, con terror  y con cautela.

 Ahí estaba.

Oh, Dios…

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–Video de  presentación de la   telenovela “Corazón Salvaje”- de Caridad Bravo Adams-cantado por el mexicano Manuel Mijares

 

El sueño de desenmascarar y de revelar, ahí nomás, al alcance de cualquiera, en la telenovela.  La que  veía mi abuela Matilde, modista sólo para los suyos,   a las cuatro de la tarde comiendo caramelos ácidos. La  que mi abuelo,  un intelectual, crítico de  cine y arte,  con más de ochenta años en su sillón de ruedas, me enseñaba a mirar. “Pero sí que han vapuleado el género, m’hija, y eso que–me decía– hay tanta maravillosa justicia oculta en la telenovela, tantas  y tantas generosas situaciones de la intriga…”

Uno es quien es pero no será el mismo al día siguiente y de la manera más natural,   y tal vez ha sido siempre quien no era por un error humano hasta  insignificante. Uno será aquel  al que  la suerte haya determinado haber nacido en otra cuna y con destino cierto a finales más felices, después, seguramente, de haber sufrido el escarnio de los más fuertes. Uno se encuentra y  se desencuentra porque lo inverosímil tiene sentido para que todo se acomode a la reivindicación ineludible y final, a  la lógica de lo que es justo  pero no antes de la crucificción de sus Cristos en  la angustia más honda, no antes del más glorioso placer de los sentidos, de  la vivencia de la traición malentendida  en la madeja escondedora.  Lo rutinario se ha desinstalado para siempre en ese mundo habitable y habitado  por  el imperio absoluto  del Deseo.

En la telenovela, la  reparación justiciera es la que le otorga sentido y redime a los protagonistas de toda la cadena de sustituciones, accidentes, postergaciones, dolores inmerecidos, peligros y amenazas que les ocurrieron de manera arbitraria…al final las cosas deben buscar el cauce natural, y el castigo lo lava todo. Existen sólo  algunos personajes que poseen la  verdad.”

Las mejores son las mexicanas, como las de Bravo Adams.  Casi todas son de época, tienen una música vibrante y una fragancia exquisita  a seda y tabaco dulce  con un fondo ventoso que trasunta  hasta la pantalla.

Sí,  puedo sentir que estoy ahí, puedo sentir que soy Ella,  soy Ella allí con El, viviendo esos fragores,  a lo mejor con la verdad o a punto de saberla en cada escena.

La pasión, lo inaudito, la impresión y lo casual, todo eso abreviado en su esencia, todo eso fogoneado por la intriga,  lo que descontroladamente  invoco, y  en lo que racionalmente  elijo  creer hasta  mañana.  El abuelo tenía razón.-

 

“El único dolor que no puedo soportar

es el tuyo”

 

                                                            –Heathcliff a Catherine, en la escena de su muerte.

                                                             De la novela  “Cumbres Borrascosas”, de  Emily Brontë