octubre 2009


Desde algún lugar y no fue previo, fue escaso y fue un apenas, por eso, te miré de frente y decidí que los vientos desatados en lluvias de otro tiempo no tenían que tocar siquiera aquello que se parece a un sembradío, donde ni yo misma me atrevo a pisar y a deformar. Está esto que importa, esto que oprime, repercute y significa y sin embargo se parece a lo inventado, a la mueca negadora  (“estás tan desesperado”) establecida por muchos para poder seguir. Dónde, dónde me quedé musitando estos horrores si la intemperie  no es, claro que no,  ese cielo enredado que me envuelve cada noche. Ahora mismo en esta sombra me inclino, me distiendo y me miro las manos, (“no ves…estas no son sus  manos..”) creo entenderte en tu mirada embravecida,  en una forma conocida delatando viejos estallidos,  me quiero quedar pero me levanto de nuevo y me doy cuenta. No soy yo, y no hay nada. Nada, ni tampoco el querer eternizarse así en  la insuficiencia de las horas vencidas, (“no ves…que no es el mismo beso..”),  en la de  tantos  fracasos contiguos, en la del aire  enloquecido de esta tormenta abrumadora en la que no se puede respirar.