Así, como si fuera una película en perspectiva, hundido en el sillón rojo delante del televisor, mirabas algo de lo que salían voces chillonas. Por una rato dejaste  la computadora, los video juegos y la colección (ya es colección) de Mitología Griega que te obsesiona.  Otra pantalla, ahora y como siempre,  es tu objeto de deseo.

La habitación es grande, son las seis de la tarde, hace calor y el ventilador te dá justo en la cara: el pelito largo se te despeja y la brisa artificiosa te hace pestañear frente a la tele, y en ese momento  yo, delante del espejo, te miro de reojo mientras  saco del placard y voy tirando en la alfombra las alternativas  de vestuario para esta noche, que no son tantas, pero que me insumen el sacrificio de tener que  medirme una por una,  la culpa de no haberme acordado antes, la abulia de tener que decidir.

Me visto, me pruebo, protesto en voz baja,  todo sin reparar en vos. De pronto el espejo mismo me devuelve tus ojitos absortos y en abrupta reflexión me decís con vocecita aduladora y solemne:

Mami…oye, pero qué guapa…qué es eso plateado que te ponés…por qué te lo ponés…

 

–Patri, me estoy probando, porque esta noche tengo una fiesta de adultos ¿sabés? …Por el Día de los Abogados..¿te acordás que te conté?

 

Hacés un silencio temible, me seguís mirando fijamente. Me recorrés con curiosidad.

El vestido plateado te ha dejado en luminosa impresión, y eso te abstrae. Cinco minutos después, te escucho:

–¿Mami, sabías que la Mitología Griega dice que algunos dioses se casaron con sus madres?

Me paralizo un segundo pero trato (te conozco) de no sonreír ante la intuición de lo que asociaste, de lo que tus sentidos han enviado a procesar ante la imagen de una mujer acicalándose, esa mujer que es la primera que has visto y la que todos los días te abraza. Una súbita objetividad te ha invadido y la palabra “mami” te queda confusa en un inexplicable rincón freudiano. Me pongo así, como a veces, no por más contundente menos natural para hablarte de frente.

Sí, Patricio, sabía…pero eso es una fantasía ¿entendés?…Nadie puede casarse con su madre…

 

—Mmmmm….claro…ya lo sé, no soy tonto…no hay que preguntarle ni a la seño ni a nadie porque se sabe por qué, mami. TODOS lo saben.

 

Sonreís levemente. Por el espejo, lo disimulo pero te sigo mirando. Te levantás del sillón y antes de llegar a la puerta, te das vuelta y me decís, entre molesto y resignado:

–Maldita diferencia de edad ¿no?.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – —- – – – –  – – “Aspergers: Uno cada 1300”