junio 2009


Mire, yo soy un sacerdote como Usted me dice, pero también soy el Rector de este Colegio…soy como el Padre de todos,  y tengo que ver por todos los chicos, no solamente por el suyo.  No creo que seamos lo mejor para su hijo, es demasiado el tiempo que hay que dedicarle a reuniones por su causa…se nos complica demasiado  todo,  por eso no hemos decidido aún si lo vamos a rematricular o no.

No lo hemos decidido, no. No es nada personal en contra de él, ni en contra de su  “enfermedad”.  Yo no lo conozco prácticamente, lo ví una sola vez, no le noté nada, solamente  me pareció un tanto…extravagante, por algo que me dijo.

Fue en un recreo, él estaba jugando solo en el patio, yo me le acerqué, lo saludé y le pregunté si sabía quien era yo.

El chico me miró por un momento y me dijo:

Sí, vos venís a ser el dueño de todo esto…”

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(De mi diálogo, –previo a la Guerra– grabado textual en mi memoria,  con el Rector del Colegio de la Inmaculada Concepción de la ciudad de Santa Fé  en el mes de Septiembre de 2007, con las inscripciones escolares ya cerradas, en la única reunión sostenida con ese directivo en donde planteé mis interrogantes y mi angustia por no haber recibido la matrícula correspondiente a mi hijo Patricio (Síndrome de Asperger) referida al año lectivo 2008).-

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-Padre, Padre…¿por qué lo habrás abandonado?

…entiendo aquella visión medio cortazariana que tenía Horacio  en relación a la conexión ínsita en todos los finales, nada más que a partir de la palabra aunque el suceso que finaliza sea completamente ajeno a  otras terminaciones.  Terminaciones, que viene de “terminales” y que va (acaba) en término.

Ahora, que intitulo este post “cada vez que me acuerdo”  y que alude a una terminación en mis terminales por finalización del término final de eso-que-no (que no era, que parecía, que hacía suponer, que pintaba como para, que en realidad al contrario, que no había, que no estaba, que aparentaba, que no), lo empiezo con el título, le pongo los puntos suspensivos  y sin escribir más nada lo puedo terminar y encaja de manera exacta y sobrecogedora  con el final de otro post que tengo que termina diciendo:

se me viene automáticamente esa frase inmortal de nihilismos de entrecasa que yo decía siempre que era brutalmente perfecta y que por eso había que reservarla para los entierros y para las traiciones.

No somos nada.


NO.”