A lo mejor porque recordé, de pronto y ante el delirio bestial incontinente de monstruos conocidos repitiendo en su horrible crispación salmos ajenos, conjeturas macabras y lascivias (esos, que nunca sabrán de estos calvarios) ese dolor del transcurrir desde tus primeros meses, desde tus años pequeñitos, ese dolor que fue la conciencia impalpable, sutil, musitada por alguien invisible en voz muy baja, de haberte parido diferente. Ese dolor que conocí cuando casi nadie (casi) te miraba como yo. Eras tan chiquito, principito de mi corazón, pedacito de cielo inexplicable, tan chiquito para mi culpa constante de que algo terrible había hecho yo allá en la probable, hipotética vida previa hoy reencarnada para que hubieras nacido así, nene extraño de mirada ausente, tan lejos de todo y de todos, era tanta mi culpa, mi culpa y mi gran culpa absurda e inventada que no había nada en el mundo que yo no dejara de hacer antes de vos, capullito de mi vida: nada si estabas, nada había primero, he medido los minutos que no me pertenecían, porque allí, ves, con tu existencia, dejó de pertenecerme cualquier otra posibilidad: eras conmigo, era la pendencia de veinticuatro sobre veinticuatro, era la angustia interminable de verte crecer tan solo, tan aparte siempre, era cada una de tus no miradas en mi abolida mirada, cada uno de tus gestos inanimados era mi propio gesto interrumpido, cada abrazo constante que no alcanzaba a contenerte nunca y que nos invadía y te invadía tantas veces, muñequito, cachorrito de peluche, no había tibieza ni lluvia ni rayos de sol que yo no saliera a buscar con tal de que sonrieras, con tal de sentir que estabas conmigo sin estarlo. Así, como antes, como ahora, así como siempre, así a pesar de los restos mugrosos de pedazos de pared que han rozado impunemente ese recuerdo de nosotros, esa preciosidad sagrada y dolorosa que ignoran y que masacran porque ya no saben cómo caer más abajo, hundibles y olvidables en el fondo de mi desprecio infinito, de todo mi desprecio, más fuerte y más abajo, más fuerte y más bajo, bajo, bajo…que se siguen cayendo fuerte, violento, demencial y bajo y es inexorable y ya se sabe.

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