En el auto, y en silencio, vas atrás como siempre. Un gesto serio, adusto se diría, mirando el camino por la ventanilla como sin ver.

Solos los dos, hacemos diez, veinte cuadras sin decirnos nada. No sé de qué hablar, estoy en un día de ésos, y con vos no es fácil. Trato de ganar tiempo, de  empezar un diálogo siguiendo el famoso esquema terapéutico eternamente recomendado. El estímulo, las “habilidades sociales”, el intentar llegar igual cuando ponés esa pared. Relacionémonos, busquemos ese “gancho” que te des-abstraiga. Que te traiga, por favor.

Pero soy torpe delante tuyo. Pienso en alguna anécdota, o en algo que te pueda interesar, y no encuentro. Ensayo un:

–Patri, mi amorcito, qué callado estás…a ver, quería contarte algo, pero…bueno, en realidad se me olvidó…

Sin desviar la mirada del camino, sin levantar la voz agradecida, sin énfasis, sin la más mínima sonrisa, como si mis palabras accionaran mecánicamente la obviedad misma, me contestás:

-¡¡¡Vivaaa…!!!

——————————————–—————–“Cada 1300 personas nace un Asperger”

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