Sí que iba a venir un día a sacar los yuyos. Preservo y dejo quieto- no abandono, no-  lo único que tengo.  Qué pánico que todo siga corriendo mientras tanto. Hoy, sin limpieza inmerecida, hago un lugar para construir el totem, así, como le dije durante tantos años.  Ayer a la tarde apreté una de sus heladas manos en la cama donde todavía estaba, lleno de cables y de tubos para respirar apenas  ese su “aire hallado”,  y esta misma  madrugada murió Horacio Rossi, escritor, poeta, amigo de abrazos de oso. Historia lúdica de un día lejano, y ahora que te fuiste no puedo decirte la razón que tenías en las razones que veías, no puedo escribirte, no puedo hablarte más. La razón que tenías, así como lo cantabas. No podías dejarlo pasar/todo lo que hemos hecho fue para quebrar.

Trayéndote aquí también en tu muerte, trayendo la luz de tu sombra,  todo lo que hemos hecho fue para quebrar. Dejé de escribir, querido Totem, y  qué bueno volver a hacerlo aunque sea en tu memoria. Dejé de escribir, y no por nada.  Lo hice para quebrar, lo hice para quebrarme a mí.