Sobre la furia, siempre digo, no se pueden levantar otros vientos que no sean los que arremolinan más. Yo no me calmo en el tiempo  que le sigue al golpe, como les pasa a los otros: a mí no me consuelan los fluíres, yo  entro siempre en el circuito contrario, ese que me asemeja a una esfinge que en el fondo sigue lucubrando sus iras, sus terrores, sus fobias, sus abominaciones…ese que no tranquiliza, ese que solamente se contiene porque no  dice, que se deja ir.  Que modifica su mirada y la aleja, hasta que desconoce, hasta que la vuelve huérfana y vacía.  Una infección. Me queda esta alquimia  indefinida,  habiendo juntado los pedazos, pero entera.

 Furiosa  y buscando la salida.

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