enero 2008


 Por fin hace un par de semanas  encontré dónde, después del fracaso del verano anterior en que otros se negaron a sostenerte por tus constantes berriches y asonancias varias, por fin encontré dónde,   “Colonia de Vacaciones para chicos con TGD”, una propuesta nueva a la que  ahora vas, todas las mañanas,  justo con aquellos similares-pero-no tanto.   No hay ningún aspie, he sabido,  sólo levedades en común  un poco más oscuras, algunos autistas puros y otros menos veloces que  una sola de tus neuronas  pero que al menos no se sorprenden con tus frases excéntricas,  con tus explosiones, con el despliegue acuático  de tu torpeza motríz.

“Por qué siempre me choco con los muros”-me preguntaste un día. No supe decirte que esa pregunta resume un síntoma corpóreo de no-sincronización  estudiado en lo que te pasa, y es algo que notaste solo, ves.  Algo emblemático para vos, premonición buscada para  tu extraña vida en choque  que todavía sigue intacta.

-¿Por qué yo voy a eza Colonia, donde son todos nenes  raros?

-Bueno…porque…es que…mirá…hay un profesor ahí  que es amigo mío. Por eso.  Pero, a ver… ¡qué importa si  esos chicos son raros! Lo importante en la gente son los sentimientos.

-¿¿Ezos nenes??…  ¡ Pero qué van a tener zentimientos si ni ziquiera tienen zerebro!

-¡Eso qué tiene que ver, Patri!…Los sentimientos están en el corazón, y el cerebro está en la cabeza. Y esos chicos  te quieren.

-¿ Quién te dijo que me quieren, mami? . . ¿Cómo van a quererme, si no me entienden?

*

                                               

                                                     “ Cada 1.300 personas nace un Asperger “

Sobre la furia, siempre digo, no se pueden levantar otros vientos que no sean los que arremolinan más. Yo no me calmo en el tiempo  que le sigue al golpe, como les pasa a los otros: a mí no me consuelan los fluíres, yo  entro siempre en el circuito contrario, ese que me asemeja a una esfinge que en el fondo sigue lucubrando sus iras, sus terrores, sus fobias, sus abominaciones…ese que no tranquiliza, ese que solamente se contiene porque no  dice, que se deja ir.  Que modifica su mirada y la aleja, hasta que desconoce, hasta que la vuelve huérfana y vacía.  Una infección. Me queda esta alquimia  indefinida,  habiendo juntado los pedazos, pero entera.

 Furiosa  y buscando la salida.

                               ” Cada 1300 personas nace un Asperger”

Arrastro y me arrastro con lo que arrastro en el agobio desde hace casi un mes, habiendo de-ci-di-do este quiebre terminal, siguiendo un punto que quiere ser  afuera y no sé por qué me desliza para adentro. Un mes entero con la convivencia consensuada para que nadie tenga que salir corriendo, consensuada por poco tiempo más, tragando hasta que llegue el momento preciso en que pueda irse a siendo echado de, y que no sea tan violento todo, porque los niños están mirando.

Las mañanas son las más difíciles, temprano me informo a mí misma “ahora  viene la parte en que le digo lo que pienso”,  esa  en la que le vomito las indignaciones recalcadas por años como un ramo de claveles podridos, (¿la Casa Chica y la Casa Grande?),  en que él pone cara de no-puedo-evitar ser-como-soy, en que me acuerdo de esos otros que me dicen con los ojos entornados de telenovela que va a cambiar, (¿?), en  los que  intentan rescatarme de mis negaciones sin que yo haya pedido nada, en que hacemos números solemnes, en que hablamos de vender los gananciales, en que él pone cara de aterrado y  se opone “para no perjudicarme”, en que él en el fondo no me cree, en que paso del humor árido a la ferocidad del desinterés absoluto, en que pienso en cómo nos protege el desamor.

Pero igual es todo enorme y merece un desarmadero genuino, no esta parodia de gente civilizada que se está separando en dosis y que-tiene-hijos, pero es Enero y todo agobia y  no quiero  ni siquiera analizar demasiado por qué tantas cosas de muerte postergada y conocida no dejan de doler siempre  tanto. Se puede empezar a morir y no me parece extraño, pero qué raro que me suena terminar  de morir.

En un ratito,  en menos de un verano.