Y sin embargo tengo impresiones diferentes que borran otras impresiones y las vuelven difíciles, inaprehendibles. Las recuerdo recortadas y entrecortadas, en medio de un teatro, porque yo he fingido ser feliz tantas veces como otros esperaron, he fingido igual que los trasnochados, igual que las insatisfechas, igual que todos los bohemios. Ahora, jugar en la verdad me condiciona a buscarle un destino al juego: “yo no juego con la gente“-decías- “juego con el que quiere jugar conmigo a lo que yo juego”. 

Yo juego a que juego con vos a lo que querés que jueguen con vos, pero juego el juego mío que no es jugar con lo tuyo sino jugar a lo que los dos vemos que pueda ser jugado: de alguna manera me juego para que puedas jugar ese juego, y hago que te juegues,

así, jugando . . para mí, pero conmigo, hasta el final del juego.

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