Esperar a que crezcas y a que tal vez  (sólo tal vez, dijo el Doctor) despegues del maldito Síndrome es un tiempo dimensionado diferente, te lo voy a explicar un día. Es  tiempo, querido Patito, tiempo y más tiempo que acrecienta, desgasta y lastima, mientras no pasa en el dolor del rechazo de los otros, ese que a veces  no puedo evitarte.

 A estas alturas  primaverales  se matriculan los retoños educandos, se arman kermeses y campamentos,  pero el año que viene no te quieren de nuevo.  “No sé si somos lo mejor para él“, me ha dicho el cura Rector.  “No tenemos las herramientas“.   Ah, pero…”No pertenezco, mami, ves, yo…no pertenezco a ninguna parte”.

Pero una vez más no,  pensé. No te lo van a hacer de nuevo. No te lo van a hacer dos veces. No te transplantaré como a un brote que molesta. Nadie te va a echar graciosamente otra vez, ni con sotana ni con guardapolvo. No les sacaré la molestia de que grites, de que protestes, de que te quejes, de que digas ciertas cosas. De que armes kioscos en el aula, de que levantes el dedito hacia Dios y le digas que se esconde por gallina. De que no los mires, de que solamente los divises así, de costado, con los ojos entornados y pensando en eso que no podés armar, porque “lo intento pero no funciona, mami”

Te estaban integrando, me dijeron. Se terminó el “proyecto”, el trabajo es demasiado. No te entienden, no pueden, no saben,  (no quieren) tu discurso desordenado es más impenetrable que los disparates del Apocalipsis, que con tanta seguridad recitan.  ¿Habría, señor Cura,  que desintegrarlo en Diciembre, buscar alguna escuela nueva, morirse un poco en su extraño desconcierto? ¿Otro caminito, otro niñito a tu lado, otros nombres para aprender, otro olor para respirar (oh, tus fobias), otro mundo para al final no pertenecer? …   “¿no pertenezco, mami…yo…no pertenezco a ninguna parte?”

¿Des-integrar tu cabeza malltrecha, pobre Patito, lúcida, intermitente como un millón de luciérnagas persiguiendo algo que no pertenece , “que no pertenece, mami, no pertenece a ninguna parte”?

Habría que llevarte y no hay dónde, ya le expliqué al señor Cura. Des-integrarte y luego juntar tus pedazos, llevarte adónde, explicarte: “¿por qué estoy despedido, mami? ¿ por qué  mi vida es PÉsssima, PÉsssima, así de  PÉssimaaa??”

Pero pasó que me detuve un rato en un espejo, este fantasma que soy desde hace un tiempo, y pude verme. Tengo ojeras que están allí desde hace tanto, que es la eternidad de esto tuyo que me marca…  ¿para qué me hundí años enteros  en libros que hablan de leyes que yo sé que te defienden? ¿Para no poder, ahora, abrirte a machetazos un lugar cualquiera, sí, cualquiera, que no quiera entenderte a vos pero al que de cualquier forma  pertenezcas?

 Pero como no te lo van a hacer dos veces,  ya he  decidido que será una terrible,  monstruosa, sacra violencia pedagógica y materna, llena de implacabilísima Justicia.  Va a ser el comienzo, nada más que el comienzo, de una gran lluvia de cartas documento, denuncias por discriminación, por maltrato psicológico, por exclusión, una tormenta de recursos judiciales, de memoriales en oficinas públicas donde esperaré funcionarios, donde obligaré a algún acorralado a que me escuche,  donde tendré  que desplegar ese diagnóstico  una y otra vez, y contar por qué decís que cuando estás dormido, el alma se separa de tu cerebro que es el cuerpo, sí, para irse un rato al sueño y después volver a los mundos de siempre.

No te preocupes.  Vos simplemente separate,  andate al sueño  y cuando quieras, solamente cuando quieras volvé al cuerpo. Si los que te miran y no pueden verte están hartos, yo también, tanto yo también que no te imaginás cuánto.

                                “Cada 1.300 personas nace un Asperger”