Ando drenando cosas por ahí, y no escribo. Estoy cultivando una especie de respeto que no he tenido antes, como cuidando el jardincito del vómito que a veces me pugna, sórdido, en la  garganta de un túnel que no es tal. Se vé que eso que le dicen autoestima no me abandona cuando las cosas no me salen, al contrario: la ira siempre me fortifica, me levanta, me arma, me custodia. Pero me aleja del placer, ahí está. Escribir no es mi revancha, ni tampoco un descubrimiento tardío: hay un manejo allí, algo que puedo: un maniobrar como de los sonidos, como de las formas, como de los sentires… que conozco desde hace mucho tiempo, y no me ha servido tanto como algunos cándidos  me han dicho. Pero me forma parte, “me reparte entre mis partes” (¿quién dijo?), y apenas, solamente cuando quise, apenas  a veces me ha dado a conocer.

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