Los días se me han venido encima, desde el Lunes, intimados como estamos por el nuevo Colegio, para ver qué podemos hacer con “el chico”. Reunión con las dos psicopedagogas, presente la Directora, el reducto frío era casi más helado que el frío de mis huesos. La posibilidad, antes de la expulsión, es la de una maestra integradora para él, que contenga sus constantes crisis. Una posibilidad para no seguir recorriendo escuelas, para no seguir torturándonos todos, al borde siempre de la exclusión. Patricio genera el conflicto constante, el caos imprevisible con sus actitudes extrañas, es el blanco de las burlas por su forma de hablar, es el griterío por sus berrinches incontrolables, su falta de adaptación al medio cualquiera sea, hagamos lo que hagamos. Cualquier grupo social es el gran monstruo que hay que enfrentar cada mañana, lo que espera cada día, en cada lugar ajeno y tumultuoso de infantes, a un nene con Síndrome de Asperger. La discapacidad invisible: la discapacidad “social”: cómo suponerla detrás de esa cara, cómo creerla detrás de sus palabras:

Mami-¿zabés qué quiero zer cuando zea grande?

-No sé, qué querés ser.

-Quiero zer prezidente. Aunque también ze podría cambiar por superegüe. O perzonaje, no zé. . .Porque no hay que zer vagabundo, mami, no. No hay que zer… Hay que penzar en el futuro. El futuro es un dezeo, mami…No exizte ahora, ez zólo ezo…un de-ze-o.-

-Ahá.¿Y sabés qué quiero yo ser en mi futuro? Yo quiero ser mamá de un nene que sea presidente, o super héroe.

-No, mami…eze dezeo ez mío, voz tenéz que tener el tuyo zolita…¡Ya zé, ya zé qué podéz ser cuando zeas grande!!

-¿Qué puedo ser?

-Podéz zer directora de mi Ezcuela.  Azí no me despiden.

Freud no se equivoca, después de todo.  Un día me lo voy a comer: es un futuro, es un deseo. Un de-se-o.  Mientras tanto, en este ahora, es imposible no llorar.

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