Y me dirán que lo invento cada tanto, que no existe en realidad, que solamente soy yo misma cubriendo  mis faltantes.  Y sí,  pero cómo negarte, como negar lo que sos si  me he estremecido ante el sueño de tu contacto, ante el olor que te sentí esa noche. Un olor extraño, como a sal marina, profundo, crispado como vos, me cubrió sin que lo sepas, me abrazó sin que me toques.  Sabés, las palabras me salen armadas, diligentes:  es esto que hago, esto que pruebo, los ojos cerrados inspirando  y la piel intacta. Tu espalda es mi pared, tus palabras se me pegan en los dedos, pero no invoco otras defensas más que las que yo construyo: hablar como yo sé es el refugio desde el que te miro, mi autocustodia, la seda misma  resbalando de los hombros, el tiempo contenido apenas. La luz crepitando entre las nubes  de un cielo devastado. Te miro desafiante y no lo entiendo. Un poco solamente alcanzaría.

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