Si algo me ha obsesionado siempre es el idioma, y hay que ver que no digo el lenguaje: digo el idioma como continente y padre de los subderivados: dialectos, regionalismos y mutaciones varias. Pero últimamente no sé por qué me fascinan las interpolaciones en el decir de la gente, esas combinaciones que generan un frankestein increíble, que hablan de las pertenencias e identificaciones del que dice, aunque cuando diga lo que dice  no se refiera a sí mismo. Los grupos sociales etarios imponen neologismos atractivos que tienen un origen puntualmente burgués, como la moda en todas sus expresiones: los marginales arrastran el vulgo primitivo y deformado en su propio origen, nunca pulido justamente por carencias culturales, pero incorporan de la clase media los retazos del punto de identificación: la franja de edad unificadora y la aspiración por parecerse, por sentirse parte.
Hoy me vino a ver un exponente perfecto, digno de la mirada de un sociólogo a la hora de la tesis: un muchacho de veintitantos años, moreno, pequeño aro de fantasía en la oreja izquierda, el pelo termina en una coleta prolija, beteada con unas mechas mal teñidas de un rubio dudoso. Es delgado, alto, risueño, fibroso, bastante apuesto, con una cara singular: la naríz un tanto ancha, las facciones duras y la fina comisura de los labios que revelan, tal vez, algún que otro abuelo indio. Vino para consulta, con una vida nutrida de conflictos judiciales varios: procesado pero nunca condenado, la última vez que vió una comisaría lo habían parado por rufián.
Después- dice-la vino zafando. Ahora-me cuenta-“yo le vengo a consultar porque el problema que se presenta es que como tengo un hijo, la madre me denunció mal por no pasarle la alimentación. Yo estaba juntado de pareja con ella…pero vió, Doctora, la pareja es lo jodido, es jodido, es jodida la connivencia, cuando no hay complementación: uno se dá cuenta cuando se tiene que abajar de un proyeto de vida… para mí, ella ya fue. No hay onda, pero está la criatura de por medio: y la criatura no tiene la culpa. El problema que se presenta es que ella me vive criticando, mal, dice que desde que me compré la moto, me hago el guitudo, el apoderado, pero que a ella no le doy nada. El problema que se presenta es que yo ahora no estoy efetivo en mi trabajo, y aparte tengo que pagar la moto, y aparte que si yo le doy plata a ella, se la gasta, la gasta en otras cosas, y la que nunca tiene nada es la criatura. Ella aparte siempre anda con ropa de caté, zapatillas de marca, todo: y la criatura, nada, ni ahí, lo manda al comedor, así que de repente en comer casi no gasta. Cuando estaba conmigo, la criatura sí que andaba vestida joya… Pero ahora, Usté viera …yo lo que tengo miedo, Doctora, es que como la madre le llena la cabeza, la criatura se me traumatice mal. Psicológicamente, digo. Ella dice que como yo laburaba con las trolas…pero ahora nada que ver, ahora yo estoy tranqui porque zafé, me sacó el abogado ese que le conté, el que trabaja de jefe en la Dirección de Hidráulica. El gordo, vió, Ud. sabe, ese que es trolo. Ahora ya no me quiere atender más, por eso vengo acá a verla a Usted, que me la recomendó la hermana de la Chochi Díaz que es vecina mía y que dice que Usted le arregló lo de la criatura de ella y le cobró poco, le cobró decente… Bueno, le decía del abogado ése, el que me atendía antes…  sabe qué, yo salí con él un tiempo: le gusté, y para que no me cobre…salí con él, yo no soy trolo pero por plata me prendo en cualquiera. El problema que se presenta es que se me enamoró el tordo, y ya empezó a querer otra cosa, tipo que me fuera a vivir a la casa de él, y eso. Y yo ya tanto no quería, yo le había dicho: “Todo bien, tordo, pero ¿sabe qué? … No dá para amor”. Y ahí me parece que se ofendió.

Mal.

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