Reciente, cercano, con olor a nuevo.
Ahora Añadiduras nos ha resucitado en cinemática. El mismo, pero trastocado
en jubiloso disimulo cinéfilo, para demostrar que los muertos que vos veláis gozan de buena salud.

“Ay!” guarda sus pañuelos de puntillas aún húmedos de aquellas lágrimas, y celebra con el asombro de todos, porque Carlos (ya le fue dicho) es de lo que no se deja sin quedarse.

Y nosotros tampoco.

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