Que no importa si es algo concreto, que no importa si es colorido, que no importa ni su fragancia ni su belleza. Que lo que importa es que en algún punto nos encierre, nos lleve, nos anuncie existentes. Que nos deje estar ahí, dando un abrazo suave, saludando en presencia que se pretende exótica, y que es más bien el guiño cómplice de superar la virtualidad y de ser y hacer, una vez, un día, lo que uno siente y desea.

Ojalá que siempre.

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