Emergiendo penosamente de la parálisis, anoche, el libro “La conjura de los necios” de Jhon Kennedy Toole, leído creo que por quinta vez, me dió eso que me estaba haciendo falta sentir: la acidez del humor y la conciencia del absurdo, todo dentro de la misma truculencia. Pero ahora y de nuevo, en la vez número cinco, me pasa lo mismo de siempre: condicionada por el epígrafe, donde se lee esa frase de Jhonathan Swift: “Cuando en el mundo aparece un genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él”, salgo a buscar.

Y con sólo mirar un poco, a veces está todo tan claro, tan claro, que hasta me dá vergüenza.

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