A quien debo avisar, si mis sueños son impublicables, si hablar demasiado es también romper este hechizo entre nosotros. A quien poner al tanto de este trueno de este grito de este bárbaro estampido, de esta lucha de este entierro salvaje de este enjambre de abejas en horade de la carne. Ya no hay nada, ves, que no escriba vomitando y que no aplaste al contenerme, ya no hay nada que no sea una sola náusea tiritando, que deambula conmigo y transpira en el umbral.

Me tragaré mi amor, se ha decidido.

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