Ay, dejemé! no tiene pretensión de vampiro blogger, ni de sesuda advertencia a quienes llegan a su ventanal. “Ay,…” es una bitácora semejante a ese consabido mundito que se puede armar en cualquier altillo repintado de cualquier casa vieja, ahí donde uno decide alejarse para colgar un afiche, llevarse un termo, leer poetas hondos, escribir creyendo, amar lo inasible, cocinar, hacer terapia en soliloquio sin pagarle a nadie, odiar su profesión, admirar lo que es, arrepentirse, sentirse fuera del afuera y succionar de otros que se sabe que están adentro.

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