Un ángel me sacaba algo de los ojos en idioma neutrálgico, se dejaba abrazar apenas y me mostraba la miseria circundante, otro me abrazaba de verdad, casi como un hombre, con tristeza de demanda eterna-incompleta y señalaba su guitarra. Solían dormir juntos, abrazados y sin mí. Los dos me llamaban, me repartían, me concedían, me extraían (me traían) me amaban, me sitiaban.
Y con los dolores percibidos en silencio y las manos abiertas - (yo lo ví, yo los ví…)- ayer se miraban sin decirse, se despojaban por un rato en ese unísono extraño, silencioso, por un rato nomás, me soltaban. Me entregaban dulcemente y sin resistir a quien pudiera abrazarnos a los tres.

04/09/2010 at 17:04
Ese es tu niño ya??? Tanto tiempo ha pasado??? Lentamente pasan los años, pasan las cosas… y llega la paz. Besos.
05/09/2010 at 20:11
Isabel, querida amiga, quien está en esa foto es mi hijo mayor, Juan Manuel.
No es Patricio el pequeño, objeto de tanto…análisis, por decirlo de algún modo.
Paz sigue siendo lo que suele hacerme falta, pero hay escaséz mundial y la sabiduría puede que esté en la resignación.
Beso enormísimo.
01/10/2010 at 11:12
Sí que tenés suerte, hermaneta. Hé ahí a la SEÑORA MADRE con sus dos bastiones a diestra y siniestra, firmes, leales, los HOMBRES que te custodian y te defienden, tus fortalezas, que a la vez son tan angelicales, taaaannn hoooneyyy como dice “el otro”. Y una “princeza” que no puede conocer “hombes rudos”, je… sería ridículo, dice “el uno”. Mis amores!!!!
03/10/2010 at 15:02
Ah, qué lindo tu coment, hermana querida de mi corazón.
Y tenés tanta razón, para variar.
Zon deliziozoz,
tanto el uno como el dos…jeje
Beso, te queremos!!!