“Nunca escuché a tantos preocupados por Dios, la familia y los niños huérfanos como ayer”

 

Prefiero esto a la nada, me digo. Raramente las minorías salen victoriosas cuando se debaten leyes que ellas puedan invocar, porque la posibilidad del “desmedro” a  las mayorías es el freno absolutorio eterno y ramplón que subyace en cualquier planteo con tintes de prudencias admonitorias.

Pero…paradójicamente, puede decirse, sí, que ahora el matrimonio como institución está asegurado. El mecanismo de control del Estado en lo que respecta a la moral ciudadana se ha aceitado con la imposición de la normativa PARA TODOS,  pero a partir del “Matrimonio”.

No de la “unión civil”, cuya abarcabilidad, si se hubiera aggiornado (es decir, si la UNION CIVIL  se hubiera legislado siendo también “PARA TODOS”) podría haber solucionado faltantes,  podría haber asegurado más derechos.

Prueba irrefutable y legitimada de que el matrimonio NO ES una institución cultural creada para proteger la procreación, sino para establecer pautas  regulatorias de la moral ajena por parte del Estado, granadero de nuestras acciones en el molde conocido. Estamos supeditados siempre a un patrón previo, machistoide y patriarcal del que es imposible emerger.

Y las dudas que aún nos atormentan,  decía aquel graffitti, siguen siendo las verdaderas  libertades que nos faltan.

 

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