Mientras soñaba, accedía a ciertos espacios que antes me habían sido negados. La sensación era la de varias puertas que de pronto se abrían una por una y la más próxima siempre reconocía a la precedente con un extraño ruido. “Ahí hay que entrar”, pensaba cada vez que abría la siguiente.. Dormía pero a la vez no, era una sensación de alerta continua, sin libertad de paz. Era como hundirse y elevarse. La última puerta daba a un lugar casi húmedo que los tenía a todos sentados en sillitas bajas, como de niñitos: me miraban sonriendo. Pero no era una sonrisa franca, ni amena, ni afable, ni victoriosa, ni alegre, ni dulce, ni inasible, ni auspiciosa. Había violencia allí, había un gesto quebrado de odio con las comisuras casi abajo, un regodeo antiguo y periférico de horrores contenidos que lo que quieren es reír en acto entero (no sonreir) y mi mirada estupefacta los detiene en esa mueca…que los deja en la mitad.
Mayo 2009
Archivo Mensual
20/05/2009