Me he dormido anoche con los párpados apretados: no veo. Un olor a lavanda inunda el sueño que se viene, el pelo se me enrieda en la caricia dulcísima de una mano imaginaria. Me abrazo a mí misma desesperadamente como si eso fuera. Que nadie lo intente porque se va a encontrar conmigo. Construyo despacio y ese fuego que yo solamente enciendo crepita de mi parte, soy capáz de eso mismo, para que la otra parte lo entienda de una buena vez. Qué pasa que me miro y me conozco.

Qué pasa.

Pasa por fin yo, que aviso: eso muerde.