Me he dormido anoche con los párpados apretados: no veo. Un olor a lavanda inunda el sueño que se viene, el pelo se me enrieda en la caricia dulcísima de una mano imaginaria. Me abrazo a mí misma desesperadamente como si eso fuera. Que nadie lo intente porque se va a encontrar conmigo. Construyo despacio y ese fuego que yo solamente enciendo crepita de mi parte, soy capáz de eso mismo, para que la otra parte lo entienda de una buena vez. Qué pasa que me miro y me conozco.
Qué pasa.
Pasa por fin yo, que aviso: eso muerde.
31/10/2008 at 02:30
Si te avisás escuchate,querida Sue. Te siento
mal pero bien. Un beso.
09/11/2008 at 20:41
Y no sabes lo bien que te entiendo. Y lo bien que, a pesar de todo, se siente una cuando se mira y se conoce. Besos, linda.
11/11/2008 at 23:53
Gracias, niñas.
Cómo me gusta esto de escribir ciertas marañas a gente que las lee tan claras.
Las quiero.
14/11/2008 at 05:59
“Que nadie lo intente porque se va a encontrar conmigo”.
hace rato no que leìa algo tan tentador.
ademas, que bueno cuando el espejo nos devuelve una imagen reconocible. priviliegio de diosa.
14/11/2008 at 06:00
donde dije no que, lease que no.
18/11/2008 at 23:32
Vadinho, los dioses–como Ud, mi buen dios gordi–no se tientan.
No lo necesitan: sus deseos no pasan por esos prolegómenos.
Y el único privilegio de una diosa triste (así me llamó alguien en su blog)no es reconocerse, sino que Ud. la reconozca.
Beso con amén.