Octubre 2008


Me he dormido anoche con los párpados apretados: no veo. Un olor a lavanda inunda el sueño que se viene, el pelo se me enrieda en la caricia dulcísima de una mano imaginaria. Me abrazo a mí misma desesperadamente como si eso fuera. Que nadie lo intente porque se va a encontrar conmigo. Construyo despacio y ese fuego que yo solamente enciendo crepita de mi parte, soy capáz de eso mismo, para que la otra parte lo entienda de una buena vez. Qué pasa que me miro y me conozco.

Qué pasa.

Pasa por fin yo, que aviso: eso muerde.

Mi hijo Patricio ( 9 años, Síndrome de Asperger), el ser más vulnerable de todos, el más conmovedor y conmovible, que siente como hostil a un mundo que no siempre entiende y que quiere ser poderoso, muuuy poderoso para poder auto-custodiarse, me dijo, como quien hace un dictámen acerca de sí mismo, (como quien toma una decisión) que él no tiene sentimientos.

Le contesté que estaba equivocado, que sí tenía, que pensara que él amaba a muchas personas: por ejemplo, que quería a sus familiares, a sus amigos, a sus maestras, y a otras que son parte de su vida también.-

Se quedó un rato mirando el piso, como perplejo, y salió de la habitación. Volvió a los pocos minutos, y me dijo:

“Tengo, pero no me sirven”.

-

-

-

————————————————”Aspergers: uno cada 1300″