Septiembre 2008


Livianita. Una promesa de espuma, si se quiere, la película que al cine de un Lunes me llevaron -(anoche)-a ver unos queridos amigos, con ganas de pensar en nada y de reírse con esas ebriedades ficticias en las que de un lado cae una sonrisa displicente que simula que todo podría ser peor, y del otro lado otra, al estilo ”no-me-importa-nada”. Ahí estaba, una comedia argentina recién estrenada cuyo estúpido título siguiendo la insoportable rotulación humorezco yanqui: “ Un novio para mi mujer”, daba más para que la fuera a ver mi tía Estela que yo, que he visto tanto cine de ciclo, que solamente me “someto” a lo que se podría decir que es inaccesible y tedioso para otros …yo, que ando buscando siempre perlas sesudas en las tardes de Cine Club, a veces como un juego de niñita insatisfecha, para ver si descubro algún motivo para. Yo que me obsesioné con Haneke a partir de la Vero, que ando queriendo conseguir desde hace meses una muy vieja de Chabrol, y que los despliegues que voy a ver de los renombrados cada vez que me entero de alguno, me parecen injustificados para mis exigencias exaltadas, para mis espectativas de inconforme “culta”.

Nada de conclusiones, acá, nada de símbolos abiertos, de miradas en planos y a partir de, nada de ilógicas etéreas o profundidades. Pero la película me dio dos horas rápidas de un humor ácido, inocente, de escape y de focalización en ironías olvidadas y sagaces en su absurdo “soft” comedil y coloquial que me pulió las terminales divertidas aunque más no sea por el efímero ratito que me duró el chocolate.

Sobre todo, cuando la protagonista empieza diciendo que detesta a los “buscadores de coincidencias”.

“Esa gente—decía—como la mina que vive en el departamento de arriba, que te la encontrás, se te pone a charlar, te escucha un rato y después te pregunta con total espectación, como si hubiera encontrado una clave : ¿DE QUE SIGNO SOS?. - De Sagitario, le dice uno (por ejemplo).- Aaaah-, te vuelven a decir con un asombro increíble-, ¡de Sagitario…!… pero fijate…qué casualidad…qué increíble… ¡yo tengo una de mis mejores amigas que también es de Sagitario! y mi hermana también, y que casualidad,… mi ex novio TAMBIEN es de Sagitario…” -todo con una estupefacción insoportable, y así, te enumera impunemente un cúmulo de personajes que son de Sagitario como vos vinculadas a ella y que qué casualidad, y que “ mirá, además…vos naciste el 19, y mi amiga…¡el 16!! ¡hasta eso!!-“, porque no sólo está la coincidencia del signo sino que por ahí está la desgracia de que uno nació dos días antes, o un día después, y me la quedo mirando porque yo me pregunto dónde está la Gran Importancia, dónde carajo está la Gran Sorpresa,…como si por todo eso estuviéramos más cerca, pudiéramos hablar de otras cosas, nos viéramos obligados a caernos mejor aunque nos caigamos mal y no haya nada que hacerle…”

Estrépito habitual verborrágico ajeno que me es conocido y con el que me cruzo habitualmente, a mí que para peor, lo padezco con menos atenuantes porque (soy culpable) creo irremediablemente en las casualidades y a eso, no sé por qué, parece que no lo resiste nadie. Parece que para el pensar lógico colectivo (lógico-paradójico dentro de lo fantástico y de lo inexplicable) todo pasa por “algo”, ahí debe haber como un atisbo de religión…pero hasta el “algo” deja de ser lo principal para darle lugar al hecho de que pasa lo que pasa, y que pasa por la empecinada coincidencia que nos persigue, a vos y a mí, casualmente, sí. Todo eso quiere decir ….¿qué quiere decir?

Algo.  Seguro.

Me detengo en vos, un poco, un rato también en vos, a mirarte así, y me acuerdo.

Un viejo nick con el que solías chatear, decía:

Las cosas se me acercan, y yo sigo intacto”.-

Hay un método en su locura”

(William Shakespeare)

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Así, y en tres actos. En el primero, alguien comete un error delicioso, alguien llama desde algún punto sensible, alguien habla demasiado, alguien sonríe, alguien ofrenda un pequeño puente sin decirlo, alguien tiende a imaginar un bálsamo imposible, y la respuesta que vuelve es sintónica y luminosa, con brisas de pacto inahablado, de cautelas tenues pendientes de cada paso para dar. En el segundo acto, una imágen que llega, bellísima y exacta, vuelve a sonreír al bálsamo sentido: la imágen concuerda, embelesa, transporta, aglutina, conmueve y reconfirma el acto 1.

En el tercero, insospechadamente, repentinamente, (nada hace suponer) con todavía la caricia invisible de un remanso atesorado, el tiempo se detiene de un tirón violento. Ahí, al alcance, un paquete odioso aparece buscando ser abierto: la tarjeta no dice demasiado porque nadie anuncia los misiles, esos en componentes de cinismo, de ironías pretensas y ridículas, de acusaciones renovadas y patéticas…el efecto sorpresa es parte del desvaste que se anticipa. La ferocidad cuando es elaborada tiene sus bemoles exquisitos y bizarros a la vez: alguien lo sabe, lo ha decidido sin dudas vaya a saber por qué, y por eso se busca dar el golpe compulsivo que es de repente, despertar la ira ajena previsible en perverso disfrute…Se busca abolir el bálsamo y la imágen de aquel tiempo inmediato que por algún motivo inimaginable, inusitadamente ha descartado. No lo dirá, lo dirá y lo hará, lo dirá haciéndolo, lo hará diciendo. Revocará con el misil toda promesa de cuidado y de prudencia tácita porque es inevitable que lo haga, porque la traición debe consumarse, como habitualmente, en el dolor mismo, en lo circular, en la sorpresa…he ahí su sentido en el sinsentido. Pero buscará también que no quede clara alguna cosa, buscará (como siempre) construir alguna culpa, la que sea, la que venga incluída en el infinito entramado del odio inexplicable que se dice en lo contrario cuando se habla…ahí, la ilógica de la alucinación artera de provocar el grito para después denunciarlo para abajo y para atrás.

Así, en tres actos. Para poder vivir, justo allí, el momento exacto en que el instinto de supervivencia asombrosamente inagotable pide a gritos un telón bien pesado, pide irse, pide que abran el camino insondable hasta bien lejos, pide el término absoluto de la pesadilla, pide el cierre de una puerta final.

Eso que suele ser insondable para vos, eso que no captás… y en algún punto tenés razón, nadie se anima a bregar por la muerte de los códigos. De alguna manera tu coherencia dentro de la incoherencia de a veces me despierta: lo tácito debería dejarnos pasar, la única manera de estar seguros de algo es la certeza de que el mundo es literalmente eso.

“–Mami, sabés, hoy me peleé con Justo.

Uh, bueno, Pato…otra vez…qué querés que te diga…

No, mami, esperá….me peleé con Justo, pero pasó algo MUY extraño

–¿Y qué pasó?

Bueno,– me peleé con Justo cuando empezó la mañana, yo estaba MUY enojado, y él también…él entonces me dijo que ya no sería más mi amigo,……y no me habló nunca más… pero cuando salimos de la escuela, pasó algo muy extraño: Justo ya había salido, yo estaba guardando las cosas, y Gerónimo me dice: “¡mirá, Patricio, mirá la ventana ! “, y yo le decía: “basta, Gero, que estoy apurado”… y Gero me decía: “dale, dale, mirá la ventana, mirá…” Entonces le dije: ” uff, está bien, qué pasa…” , y miré para la ventana,… y estaba Justo mirándome, sonreía y me hacía un saludo de “chau”, así, con la manito, y me tiraba como un besito…La verdad que no entiendo, mami……¿qué le pasa a Justo?…”

A Justo le pasa….le pasa que es un nene muy bueno, y que te quiere mucho, y te voy a dar un consejo: ¿sabés qué? mañana cuando lo veas, no le preguntes nada, andá muy tranquilo y ponete a jugar con él como siempre, como si nada hubiera pasado…

–¡ Pero…pero SI ESTAMOS PELEADOS…! …Ay, mami, mami… vos, Justo, Gerónimo, todos…yo no sé…TAN TODOS LOCOS

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———————————————————. “Aspergers: Uno cada 1300″