Livianita. Una promesa de espuma, si se quiere, la película que al cine de un Lunes me llevaron -(anoche)-a ver unos queridos amigos, con ganas de pensar en nada y de reírse con esas ebriedades ficticias en las que de un lado cae una sonrisa displicente que simula que todo podría ser peor, y del otro lado otra, al estilo ”no-me-importa-nada”. Ahí estaba, una comedia argentina recién estrenada cuyo estúpido título siguiendo la insoportable rotulación humorezco yanqui: “ Un novio para mi mujer”, daba más para que la fuera a ver mi tía Estela que yo, que he visto tanto cine de ciclo, que solamente me “someto” a lo que se podría decir que es inaccesible y tedioso para otros …yo, que ando buscando siempre perlas sesudas en las tardes de Cine Club, a veces como un juego de niñita insatisfecha, para ver si descubro algún motivo para. Yo que me obsesioné con Haneke a partir de la Vero, que ando queriendo conseguir desde hace meses una muy vieja de Chabrol, y que los despliegues que voy a ver de los renombrados cada vez que me entero de alguno, me parecen injustificados para mis exigencias exaltadas, para mis espectativas de inconforme “culta”.
Nada de conclusiones, acá, nada de símbolos abiertos, de miradas en planos y a partir de, nada de ilógicas etéreas o profundidades. Pero la película me dio dos horas rápidas de un humor ácido, inocente, de escape y de focalización en ironías olvidadas y sagaces en su absurdo “soft” comedil y coloquial que me pulió las terminales divertidas aunque más no sea por el efímero ratito que me duró el chocolate.
Sobre todo, cuando la protagonista empieza diciendo que detesta a los “buscadores de coincidencias”.
“Esa gente—decía—como la mina que vive en el departamento de arriba, que te la encontrás, se te pone a charlar, te escucha un rato y después te pregunta con total espectación, como si hubiera encontrado una clave : ¿DE QUE SIGNO SOS?. - De Sagitario, le dice uno (por ejemplo).- Aaaah-, te vuelven a decir con un asombro increíble-, ¡de Sagitario…!… pero fijate…qué casualidad…qué increíble… ¡yo tengo una de mis mejores amigas que también es de Sagitario! y mi hermana también, y que casualidad,… mi ex novio TAMBIEN es de Sagitario…” -todo con una estupefacción insoportable, y así, te enumera impunemente un cúmulo de personajes que son de Sagitario como vos vinculadas a ella y que qué casualidad, y que “ mirá, además…vos naciste el 19, y mi amiga…¡el 16!! ¡hasta eso!!-“, porque no sólo está la coincidencia del signo sino que por ahí está la desgracia de que uno nació dos días antes, o un día después, y me la quedo mirando porque yo me pregunto dónde está la Gran Importancia, dónde carajo está la Gran Sorpresa,…como si por todo eso estuviéramos más cerca, pudiéramos hablar de otras cosas, nos viéramos obligados a caernos mejor aunque nos caigamos mal y no haya nada que hacerle…”
Estrépito habitual verborrágico ajeno que me es conocido y con el que me cruzo habitualmente, a mí que para peor, lo padezco con menos atenuantes porque (soy culpable) creo irremediablemente en las casualidades y a eso, no sé por qué, parece que no lo resiste nadie. Parece que para el pensar lógico colectivo (lógico-paradójico dentro de lo fantástico y de lo inexplicable) todo pasa por “algo”, ahí debe haber como un atisbo de religión…pero hasta el “algo” deja de ser lo principal para darle lugar al hecho de que pasa lo que pasa, y que pasa por la empecinada coincidencia que nos persigue, a vos y a mí, casualmente, sí. Todo eso quiere decir ….¿qué quiere decir?
Algo. Seguro.
