Mi doble naturaleza está a flor de piel, y esto me ayuda a tomar conciencia de la necesidad de la traición. Pero aún para quienes nacieron indios o españoles, sin mezcla, ¿es posible que sean únicamente indios o únicamente españoles y que sigan siendo hombres? La solidez, la coherencia, no se adquieren sino al precio de una castración: para no violar el ambiente en el que vive, el “hombre de bien” tiene que reprimir sus erecciones, tiene que renunciar a diferenciarse, tiene que frustrar la libertad que le exige hacerse a sí mismo con la misma pasión que lo lleva a tumbar una chola en los trigales.
Lo grave es ser traidor a medias, abandonando una causa para adherir a otra: la traición unilateral, es un acto tan innoble como liberarse de un amo para adherir a otro. La traición tiene que ser plena, radical, como el sable que hacemos girar en círculo y sólo deja vivo a quien lo esgrime.
Te pido, Felipa, por el recuerdo de este padre que sólo comprendió la verdad cuando no había tiempo de enseñárselas, que les des a nuestros hijos la conciencia de esta doble filiación. Deben recordar siempre que pertenecen a dos mundos diferentes y, por tanto, ninguno del todo: libres de los modelos impuestos por la tradición, están obligados a inventar enteramente su propia vida. Sólo así se formará el Perú de mañana.
Manuel Choquehuanca”