Mire, yo soy un sacerdote como Usted me dice, pero también soy el Rector de este Colegio…soy como el Padre de todos,  y tengo que ver por todos los chicos, no solamente por el suyo.  No creo que seamos lo mejor para su hijo, es demasiado el tiempo que hay que dedicarle a reuniones por su causa…se nos complica demasiado  todo,  por eso no hemos decidido aún si lo vamos a rematricular o no.

No lo hemos decidido, no. No es nada personal en contra de él, ni en contra de su  “enfermedad”.  Yo no lo conozco prácticamente, lo ví una sola vez, no le noté nada, solamente  me pareció un tanto…extravagante, por algo que me dijo.

Fue en un recreo, él estaba jugando solo en el patio, yo me le acerqué, lo saludé y le pregunté si sabía quien era yo.

El chico me miró por un momento y me dijo:

- Sí, vos venís a ser el dueño de todo esto…”

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(De mi diálogo, –previo a la Guerra– grabado textual en mi memoria,  con el Rector del Colegio de la Inmaculada Concepción de la ciudad de Santa Fé  en el mes de Septiembre de 2007, con las inscripciones escolares ya cerradas, en la única reunión sostenida con ese directivo en donde planteé mis interrogantes y mi angustia por no haber recibido la matrícula correspondiente a mi hijo Patricio (Síndrome de Asperger) referida al año lectivo 2008).-

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-Padre, Padre…¿por qué lo habrás abandonado?

princesas, sí, de un cuento infinito.


¿Quien dijo:

“¡Así se canta, joderrrr!!”?

-

(Para Claudia- lunita nueva-con todo mi afecto)

…entiendo aquella visión medio cortazariana que tenía Horacio  en relación a la conexión ínsita en todos los finales, nada más que a partir de la palabra aunque el suceso que finaliza sea completamente ajeno a  otras terminaciones.  Terminaciones, que viene de “terminales” y que va (acaba) en término.

Ahora, que intitulo este post “cada vez que me acuerdo”  y que alude a una terminación en mis terminales por finalización del término final de eso-que-no (que no era, que parecía, que hacía suponer, que pintaba como para, que en realidad al contrario, que no había, que no estaba, que aparentaba, que no), lo empiezo con el título, le pongo los puntos suspensivos  y sin escribir más nada lo puedo terminar y encaja de manera exacta y sobrecogedora  con el final de otro post que tengo que termina diciendo:

se me viene automáticamente esa frase inmortal de nihilismos de entrecasa que yo decía siempre que era brutalmente perfecta y que por eso había que reservarla para los entierros y para las traiciones.

No somos nada.


NO.”

Mientras soñaba, accedía a ciertos espacios que antes me habían sido negados. La sensación era la de varias puertas que de pronto se abrían una por una y la  más próxima siempre reconocía a la precedente con un extraño ruido. “Ahí hay que entrar”, pensaba cada vez que abría la siguiente.. Dormía pero a la vez no,  era una sensación de alerta continua, sin libertad de paz. Era como hundirse y elevarse. La última puerta daba a un lugar casi húmedo que los tenía a todos sentados en sillitas bajas, como de niñitos: me miraban sonriendo. Pero no era una sonrisa franca, ni amena, ni afable, ni victoriosa, ni alegre, ni dulce, ni inasible, ni auspiciosa. Había violencia allí, había un gesto quebrado de odio con las comisuras casi abajo, un regodeo antiguo y periférico de horrores contenidos que lo que quieren es reír en acto entero (no sonreir) y mi mirada estupefacta los detiene en esa mueca…que los deja en la mitad.

Patricio hace historietas, e inventa comics. Es su gran interés. Dice que cuando sea grande, si no puede ser súper héroe (superegüe..), quiere ser productor de cine. Que le gustaría viajar a Estados Unidos, más concretamente a Spriengfield (donde están los Simpson) y hacer películas, y que se hará millonario con ellas.
No puedo lograr que haga actividades grupales. Todos mis intentos en los distintos clubes (plástica, arte, acrobacia en tela, etcétera) finalizan el primer día: o lo aburre la actividad, o genera conflicto con los demás chicos. (que por supuesto, se sorprenden de sus actitudes, de su manera de hablar,…entonces él se ofende, se enoja, se desubica,…y todo es una espiral que termina en que “perdón, nos vamos”)

Encontré ayer en un mail promocional que me mandaron, un Taller de Cine para Chicos, que empezaba hoy en un Centro Cultural llamado “La Urdimbre”.-
Le pregunté si le interesaba, y se mostró muy entusiasmado con ir. Casi diría…repentinamente OBSESIONADO con ir. Fascinado con ir.

“¡Haré mis películas!”–decía.

Hablé por Teléfono con una de las dos personas que lo organizan, le pedí información, le dije que tenía un chiquito de 9 años que quería ir. La profe con la que hablé me dijo llamarse Mercedes, y me pareció de un nivel de diálogo realmente muy interesante. Tuve una empatía inmediata con ella. Charlamos un rato largo. Me explicó en qué consistía el Taller, y se mostró muy auspiciosa.

Le dije que Patricio tiene Síndrome de Asperger, y más o menos en qué consiste, para evitar sorpresas (siempre lo hago con los profesores de estas actividades extras, para que no  me cuestionen después…) y ella, (que cuando empezamos a hablar me explicó que había trabajado mucho tiempo en Buenos Aires con diferentes grupos de chicos utilizando novedosas técnicas audiovisuales), me contestó:

–”¿Tenés un aspie? …¡Oh, qué hermoso!”

Me quedé estupefacta por su expresión. Una sorpresa lindísima para mis oídos, acostumbrada como estoy a la exclusión siempre.  Me dijo que había tenido dos chicos con ese diagnóstico en los grupos de Buenos Aires, que le parecían niños muy inteligentes y muy creativos. Que al principio eran un poco difíciles, pero había que buscarles la vuelta. Que le parecían: “extrañamente deliciosos”.

Bueno, motivada y agradecida por la actitud de esta profe y el mismo entusiasmo del nene, fuimos esta mañana. El Taller funciona los Säbados de 11 a 13 hs. Un horario perfecto. El Centro cultural “La Urdimbre” es un lugar muy lindo, aggiornado de manera rústica y cálida. Con mesas enormes para trabajar, dos proyectores en la sala de cine, lienzos de colores en las paredes. Un clima artístico que al nene subyugó apenas entramos.

Conocí a mi encantadora interlocutora de la noche anterior, una chica joven con aspecto bohemio y sonrisa franca, y también a su compañera, que tomaron de la mano a Patri y se lo llevaron adonde ya estaban los otros chicos y los elementos para empezar. Les dejé mi celular por cualquier inconveniente, y me fui, felíz de haber hallado ese sitio maravilloso para estimular a mi aspie con aquello que a él tanto le gusta y con gente tan abierta, tan formada y cariñosa.

A los 50 minutos exactamente me suena el celular. Mercedes, la profe, me dice: “Patri dice que está aburrido y que quiere irse”. Volé para allá, y cuando llegué, él estaba con ellas dos en la puerta de “La Urdimbre”. Me vió venir y me dijo:

“Mami, quiero irme porque estoy aburrido. No me gusta tener que aprender a filmar sombras y sombras y más sombras, yo vine a hacer mi película. No a trabajar, sino a divertirme”

“-Es que, Patricio–le dijo Mercedes, con mucha dulzura y conteniendo la risa por el tono solemne de Pato–si no aprendés las técnicas más sencillas, luego no vas a saber filmar tus historias. Hay que aprender primero lo básico…”

Lo siento, señora, pero me resulta muy aburrido lo básico. Demasiado. Prefiero irme. Tuve mucho gusto, discúlpeme… Usted también (dirigiéndose a la otra profe): mucho gusto ¿eh?, he tenido mucho gusto en conocerlas a las dos. Lo siento, pero no voy a volver. Es demasiado aburrido. Mucho gusto, mucho gusto y disculpen”

Cambié dos o tres palabras con las dos chicas, prometiendo que conversaríamos luego…ellas estaban absolutamente tentadas y desdramatizaron la situación con mucha simpatía…, y yo me fuí con mi aparato.

Me lo llevé flameándolo como una bandera. Subimos al auto. Antes de poner la llave para hacer contacto, le dije que teníamos que hablar. Me dí vuelta. Estaba sentadito atrás, con su pelo largo, su remera naranja y su cara de circunstancia. Gorrito también naranja con vicera al costado, era una preciosura absoluta. Pero a pesar de la imágen compradora de ese muñeco, mi desilusión no podía ser mayor.

Entonces le hablé, con un tono de profunda desazón, que era como me sentía:

--Patricio, estoy muy mal…¿por qué siempre pasa lo mismo? ¿Cuál es taaaanto el aburrimiento por todo? ¿No te parece que tiene razón la profe, cuando dice que si no aprendés lo básico, no vas a poder aprender lo demás? ¿Por qué no tenés paciencia, seguís las clases, hasta poder hacer lo que querés?

Me dijo:

--Mami, es que es muy aburrido lo básico. Filmar sombras, y sombras, y más sombras…articular dibujos tontos… Yo pensé que era más COPADO esto, que yo llegaba y hacía mi película. Pero no. Y ahora vos te ponés triste y me criticás porque no quise quedarme. No es fácil mi vida, mami, mi vida es una tortura.

–¿Una tortura? ¿Tu vida…una tortura??

Sí, claramente, una tortura… Yo me esfuerzo, me esfuerzo en el colegio, en el comportamiento, hago mi propia película: “Escrita por: Patricio Peralta. Dirigida por: Patricio Peralta. Producida por: Patricio Peralta. Actuada por: ¡Patricio Peralta! Así es, mami. Todo yo. La película de mi vida, de mi vida dura. Y tengo que hacer historietas para la audiencia para proteger mi reputación y a veces estoy cansado…

–Bueno, está bien--le dije, para frenar ese discurso desordenado que le conozco y que lo saca del tema—-pero entonces, si no querés ir paso a paso aprendiendo lo básico primero, así nunca vas a poder ser productor de cine y millonario como vos querías, ¿no?

-Pues…sí, me “hacía mucha ilusión”…mis películas son tan “monas”…pero cambiaré el proyecto. Si no puedo ser productor de cine, seré vendedor de electrónicos.  Ya sabés,   me gustan las computadoras, las consolas de video juegos…

—…..¿¿¿Vendedor de electrónicos…????

–Pues…sí. Lo acabo de pensar. Claramente, vendedor de electrónicos…ya no productor de cine y millonario… ¿Te parece mal, o acaso…mmm….(tocándose la barbilla como suele hacerlo tipo pensador de Rodín).

-–¿Acaso qué?…

–¿Acaso…QUERIAS MI DINERO?


-


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——————————————————”Aspergers: Uno cada 1300″

Mami, sabés, hoy a la salida de la escuela ví una niña…taan guapa, mami…comprando en el kiosko…

–¿¿Ah, sí?? ¿Linda, era? –

–Sí, mami, claramente..…tenía una ropa muy mona…y tenía un pelo…rubio y…así, COMO CASCADA.

—Ah…¿enrulado?

—Sí. Llovido.

–Pero….  si decís “llovido”…entonces era lacio. Así, como el mío…¿no?

—Sí, puede ser…pero ella…tenía claramente establecido un moño…

–¿”Establecido” un moño? ¿O sea, lo tenía atado? ¿En una cola?…

–Sí, pero ya te dije: como cascada. Claramente, sí. …Como una cola sujetada en recta, larga, manejada con el movimiento rotador de la cabeza. Caída derecha, como fleco, en cinta. Todo con ondas.

–A ver,  Patricio…¿en qué quedamos? ¿rulos, entonces? ¿Lacio o con rulos?…

–Más bien…olas. Olas medianas, serían…

–Ah…

–Pero no tantas. ¿Comprendés?

–Y..qué sé yo…mmmmm……digamos que sí…

–Bien. Claramente. Qué bueno. Yo cuando vos me contás cómo es de APARENTE algo que te gusta también TE CREO, mami.

-

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————————————–”Cada 1300 personas nace un Asperger

Javo me ha respondido  a un relato que le envié,  de un suceso que me aconteció anteayer  nomás, y me ha escrito  algo que dice:

Silvia;

Todos los días pasan cosas asombrosas y todos los días comienza una historia digna de ser contada. Al menos eso quiere creer el lado naif de mi personalidad. El otro lado, más mundano, me recuerda que cuando la esperanza en la naturaleza amable de la gente se ve defraudada, entonces siempre puede hacerse algo para inspirarles un poco de temeroso respeto. De cualquier manera, los dos lados se niegan categóricamente a darse por vencidos. “

-

Y yo siento tan en carne propia sus palabras, tan nítidamente esto  que a él le pasa,  que no sé por qué…hasta me dá vergüenza.

Las cuatro de la tarde de un día tórrido, y acaba de llegar, bañada por el sudor de un día terrible y con la piel morena más bruñida aún por las cuadras caminadas, Graciela, mi empleada doméstica, una criolla robusta y bonachona que por supuesto habla de sí misma en esa categorización, “empleada”, sabiendo a partir de mí que no merece (nadie) el apelativo vulgar de “sirvienta” que tanta gente usa  como fácil denominador para quienes trabajan como ella. Viene, como suele hacerlo a veces, con su nieta llamada Celeste.

Es muy joven Graciela, aunque su aspecto sufrido y rudo y los siete añitos de Celeste desconciertan;   madre precoz y a la sazón abuela antes de los cuarenta, apenas un clásico de los avatares tempranos comunes de la marginalidad en la que le ha tocado vivir. Hablamos ambas de vidrios para limpiar, de ropa para lavar y de plumeros que hay que renovar, y ahí, justo ahí te aparecés, descalzo y con el shorcito azul ése que deja en muestrario tu delgadéz de niñito difícil que come solamente lo que elige. No sé por qué, algo en tu ceño fruncido y en tu expresión de advertencia repentina me palpita extrañamente. Aspie, te conozco hasta en los preludios.

Irrumpís en la conversación sin saludar a nadie, mirás alternativamente a abuela y nieta, y así, sin anestesias, y con una cierta extrañeza reflexiva, les decís a ambas:

“_Pero…¿por qué SIENTO que Ustedes dos son POBRES ?”


Nuestras adultas bocas se silencian, y se perfilan en una atónita “O”.

Y yo SIENTO, Dios…(yo también SIENTO) …la necesidad de un mágico botón autopulverizante, o tal vez de un gran agujero, también en “O”, allí nomás, en el medio, que me trague como en los dibujitos esos que te gustan, como los de tus inventos. Como aquello imprevisible y salvador que pasa en tus películas, sí, como en tus siniestros, extraños  y archirelatados cuentos.

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———————————-——————”Aspergers: Uno cada 1.300

————————————————-http://apirronarse.com.ar/asperger/ (¡ Gracias, Vad…!)

En Cine Club, a veces y últimamente, me suelo encontrar con sorpresas admirables como ésta. Ahí está en cartelera “ La culpa de Fidel”, ópera prima de la realizadora Julie Costa Gavras, hija del popular director griego de cine, Costa Gavras Revolución para afuera y Revolución para adentro, para afuera con el coraje y la resolución plausible de los idealistas que se debían la posibilidad de poner un dejo de redención o de segunda oportunidad a la impronta de sus vidas. Y hacia adentro, mal manejada por ese mismo par de padres confusos que, entre otras arrebatadas decisiones en las que la infancia es solamente receptor y apéndice de los cambios ideológicos, sin derecho a respuestas coherentes y definidas, imponen un modelo nuevo abruptamente y sin la menor pedagogía, pretendiendo amoldamientos instantáneos e  ignorando de ex-profeso el  sufrimiento filial, entregándolo, por qué no, a la causa.

Una escena me resume, tal vez, la hora y media de butaca. Allí cuando en la mitad, esos padres llevan a Ana, con sólo nueve años de una vida hasta ayer burguesa y acomodada que ha debido trocar de manera repentina y sin anestesias, a una manifestación política para mostrarle lo que es “el espíritu de grupo”. Allí, llegando, con la cámara tomando la escena desde abajo, desde la altura de Ana (su mundo de nueve años visto desde abajo) las piernas de todos son árboles sofocantes, los gritos de protesta la aturden, la aterran, la enloquecen y más luego, cuando todo se desmadra, el miedo y los gases lacrimógenos la paralizan a punto tal que alguien debe arrastrarla para alejarse de la policía que reprime. Ella, después, sin entender, abrumada todavía, le reprocha ese momento atroz, esa vivencia cuyo sentido no existe para ella, a su padre devenido contestatario. Y él le replica a los gritos que aunque ahora no lo comprenda, ESTO se hace también POR ELLA.

–“-¿¿¿ POR MI ???”—le responde y le pregunta con un cuasi alarido  desafiante Ana, estupefacta en una niñez donde el laconismo torpe y tácito de las explicaciones adultas las hace precisamente infantiles, inseguras, incompletas…ilógicas para su pequeña vida con  resabio de aula católica reciente.

No hay respuesta tampoco aquí, en su padre valiente, hombre nuevo empecinado ahora en el cambio social pero incomunicante para aquella a quien crió hasta ayer nomás con otras pautas. Y la cámara sigue sus pasos nerviosos y remata su portazo. Si ya antes para Ana era difícil crecer, a partir de allí hay que seguir intentándolo con ella, como un espectador solidario, arrastrando la retórica hasta la escena final.

Y ponerse a llorar cuando llega.

En el primer acto, alguien desangra y junta dignamente  sus pedazos autoconvocados.  Todo lo aciago, lo injusto y lo sufrido toma la  forma de la aceptación inmediata e insoluble de la renuncia que viene, paradójicamente, asombrosamente, de la vereda de enfrente, ahí donde laten las más inexplicables, las más sórdidas arengas de capa y espada resumibles en carta abierta, en disfraz, en risa mordáz de previsible chicotazo y despedida.

En el segundo acto, otro se inclina. Musita la Gran Disculpa, el paso atrás, al costado, a la lágrima contenida. La intensidad, la promesa.  Alguien entiende, vagamente entonces, ingenuamente entonces, que es probable que exista un recóndito lugar intacto al que acudir en displicencia, en busca de la belleza indiscutida e indiscutible, allí donde todo está dicho desde antes del principio, y la ofrenda pecaminosa,  pueril y efímera es una excusa indecente y un vino en sorbos, de a poco, a la luz de la luna llena de agua que se mira por la ventana de una vieja cantina intransitada. El después del contacto profundo ratifica, pero la devolución impensada, la jamás imaginada,  tarda poco:     pocas horas luego, con la piel aún despertando  y esta vez sin disfráz, sin tiempo prudencial para la lluvia de hielo en un fono  estupefacto, en imprevisible chicotazo y despedida.

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